La importancia de comprender que habitamos en un lugar que se mueve por ciclos, que la
naturaleza nos enseña que cada creación requiere tiempo y que cada avance en nuestras vidas y
en nuestra casa “La Tierra” se debe manifestar a través de los aprendizajes, del balance, de las
transformaciones y del movimiento.
Como nos cuesta habitar en la Tierra a veces no nos fijamos que solo lanzamos frases
desalentadoras a nuestros hijos y a cada ser que conocemos referente a vivir.
Cada día pisamos la tierra, cada día nos levantamos sobre ella, cada día comemos sus frutos,
cada día respiramos su aire, cada día bañamos nuestros cuerpos con sus aguas y las únicas
expresiones que suelen salir de nuestra boca o pensamiento es “vivir en la Tierra es muy duro”.
Cuando iniciamos un proceso más consciente, cuando empezamos a comprender qué es vivir en la
Tierra nos vamos dando cuenta de que cada proceso es necesario. Cada día es un avance, aunque
nos cueste verlo o reconocerlo. Vamos admirando más y más lo que ella nos brinda y lo que Dios
nos ofrece por medio de ella.
Cuando hablaba con Dios le preguntaba que diríamos en Noviembre, que deseaba transmitir por
medio de Flor de Loto y él me decía cierre de ciclos. Para mi esa frase es normal, aprendí a
comprender que noviembre por naturaleza es una energía para soltar, pero la comunicación no
pasaba de esas simples palabras.
Entonces solo esperé y, como te pasa a ti, al igual que a mí, Dios hace su magia y en muchas
ocasiones nos pone angelitos, camuflados de humanidad, para darnos su respuesta final.
Su respuesta para mí es muy linda, Dios quiere algo sencillo, pero que muy posiblemente para
nosotros no lo sea tanto. Dios necesita que saquemos a la Madre Tierra del lugar que
culturalmente se le ha dado.
Como es bien sabido siempre escuchamos de lo mal que esta el mundo, del caos, de las guerras,
de las muertes, del suicidio, de los olvidos y de la manifestación de la violencia, para la humanidad
esto hace parte del pan de cada día. He aquí una frase tan delicada “el pan de cada día”, nos han
enseñado que las palabras tienen poder, así que nosotros de qué forma le seguimos dando poder
a la inconsciencia?.
Para Dios toda su creación es perfecta, él no nos puso en ningún momento a habitar una tierra
basta, una tierra que no fuera fértil y mucho menos una tierra desconectada de Dios, la gente solo
desea que todo pase, piensan que la resurrección se manifiesta solo cuando tú te despojas de un
cuerpo físico, pero esto no es así. La muerte del cuerpo no genera resurrección, la resurrección la
generas tú cuando te haces más consciente, cuando te das la posibilidad de ver todo,
absolutamente todo, como Dios lo ve. La Tierra que habitamos merece ser vista con amor y
respeto, no podemos continuar generando palabras dolorosas e inconscientes para ella.
¿Te has preguntado quién realmente es el que genera dolor? ¿Es Dios? ¿Es la Madre Tierra? para
mí es la inconsciencia de la humanidad.

Así que sería maravilloso que de nuevo le eleváramos las alas a nuestros hijos, que de nuevo les
enseñáramos a soñar y creer que vivir sobre la Madre Tierra es un regalo de Dios, no un castigo.
Nuestros hijos son los portadores de la nueva vida, de la nueva consciencia y somos nosotros
quienes les estamos administrando día a día dosis de temor y desconexión.
Así que este mes de noviembre el llamado es a que renunciemos a esos pensamientos o acciones
que nos desconectan de Dios y de la Madre Tierra. Cuando nos permitimos ver a cada persona
que nos rodea con amor, con compasión y en misericordia nos vamos saliendo de las viejas
estructuras.
Noviembre para la tierra es el mes que la prepara para morir, para guardarse, para entrar en
reflexión, para encontrar refugio y permitir que las aguas se equilibren, limpien y sanen.
Para que esto sea posible es necesario que nuestras emociones estén más calmadas, que dejemos
de estar encontrando lio porque llueve, porque hace frio, porque te despeinas, por cosas que
realmente tienen solución.
Todo este mes es para que nosotros al igual que la Madre Tierra, entremos en reflexión,
evaluemos qué tanto hemos avanzado, qué tanto hemos soltado el pasado, qué tanto hemos
perdonado a quien nos rodea y de qué forma seguimos viviendo.
Es el mes de cierre de ciclos, de renunciar y aunque no lo creas, cuando renuncias algo dentro de ti
está muriendo, la muerte es el proceso que nos permite soltar, todo aquello que veíamos como
nuestro, todo aquello que poseíamos, todo aquello que nos ataba, que nos esclavizaba, que no
nos permitía evolucionar. Este mes renuncia, muere, para que renazca en ti un ser más consciente.
Evalúa realmente a que le das prioridad, a que le estas dando poder, que es lo que no te permite
vivir realmente. Evalúa tus palabras, qué trasmites por medio de ella, de qué forma estás
contaminando a la Tierra con tu energía, de qué forma le generas miedo a tus hijos, a tus sobrinos,
a las mujeres que le apuestan a ser madres, a los amigos o a los seres cercanos.
Evalúate, mira de qué forma estas caminando sobre la tierra, qué deseas dejar sembrado para tu
hermano, porque todos absolutamente todos somos hermanos, somos hijos, somos padres,
somos abuelos, somos hijos de Dios unidos por su luz.
Que este mes tus palabras y actos estén alineados en la gratitud, en el amor y en el vivir
conscientemente en la Madre Tierra. Dedica tan solo un momento para enviarle luz a quien la
habite, visualiza la tierra rodeada del amor de Dios, visualiza a la tierra en equilibrio, envía luz a
donde lo necesite la humanidad y trata de alejarte del ruido informático, del caos, para que seas
portador de la esperanza, la fe y la calma que Dios instala en cada uno de nosotros.
Además, no olvides que es un mes para que puedas reconectarte con los seres que ya partieron,
los que ya cerraron un ciclo en la Tierra o en tu vida. Es un momento para que enciendas una luz
en su nombre, para que ella llegue donde quiera que él esté y para esas personas con las que
cerraste ciclo también es momento de escribirle a su ser espiritual, para agradecer la compañía, el
aprendizaje que te ofreció y el que de una u otra forma te sigue ofreciendo.

Cuando se cierran ciclos en nuestras vidas, lo hacemos para permitirnos crecer y para quien nos
rodea crezca, si aún extrañas, si aún se genera nostalgia, no te sientas mal, no te culpes,
simplemente permítete sentir y luego de forma simbólica suelta.